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Aeropuertos de Galicia: la disputa por los fondos públicos

Aeropuertos de Galicia: la disputa por los fondos públicos

Santiago, La Coruña y Vigo se enzarzan en una guerra de aeropuertos con millones públicos

El caos aeronáutico en Galicia ha alcanzado dimensiones que rayan lo surrealista. Tres ciudades compiten por mantener operativas sus infraestructuras aeroportuarias en una región que, por extensión y conectividad viaria, no justifica semejante dispersión. La batalla se libra con fondos públicos, subvenciones a compañías aéreas y una miopía política que está empujando pasajeros directos a Portugal.

La Xunta de Galicia y el Ministerio de Transportes siguen sin ponerse de acuerdo en un plan estratégico que ponga fin a esta situación. Mientras tanto, Aena y el Gobierno central añaden capas de improvisación a un conflicto que ya dura años.

Fly2Galicia, el ejemplo más grotesco de una política fallida

En medio de este entramado destaca Fly2Galicia, una iniciativa que el autor del análisis califica sin ambages como grotesca y que debería ser extinguida cuanto antes. La compañía simboliza el ciclo perverso que define la actualidad aeroportuaria gallega: líneas que solo vuelan mientras duran las subvenciones, y que desaparecen en cuanto el grifo público se cierra.

Este modelo de compra de rutas con dinero público se replica en los tres aeropuertos competidores. Santiago, La Coruña y Vigo gastan recursos de todos los contribuyentes para atraer a operadoras que, en cuanto la ayuda se agota, cancelan los vuelos sin contemplaciones. El resultado es una oferta de conectividad errática, poco fiable para el viajero y ruinosamente cara para la administración.

La irracionalidad del sistema queda en evidencia con una cifra clave: un aeropuerto bien equipado puede cubrir un radio de acción de hasta 300 kilómetros. Galicia cuenta con una red viaria que hace viables desplazamientos terrestres cómodos entre sus principales núcleos de población. En estas condiciones, mantener tres infraestructuras en pie de guerra no es una apuesta por la movilidad, sino un derroche institucionalizado.

Porto se convierte en el aeropuerto de facto de los gallegos

Mientras las administraciones españolas se enredan en disputas locales, los pasajeros están votando con sus pies. El aeropuerto Francisco Sá Carneiro, en Porto, emerge como alternativa natural para un número creciente de gallegos que prefieren la regularidad de una hub portuguesa bien gestionada al volatilismo de sus aeropuertos regionales.

La competencia externa no debería sorprender. Portugal ha apostado por consolidar su hub norte como puerta de entrada al noroeste ibérico, con conexiones transatlánticas y europeas que Galicia no logra estabilizar. La proximidad geográfica, sumada a la frustración con un sistema gallego que premia el cortoplacismo político sobre la planificación aeroportuaria, convierte a Porto en opción racional para viajeros e incluso para operadores logísticos.

El daño va más allá del turismo receptivo. El sector hotelero gallego depende de una conectividad aérea predecible para programar temporadas, cerrar contratos con touroperadores y gestionar inventarios de habitaciones. Cuando las rutas desaparecen de la noche a la mañana por cese de subvenciones, los revenue managers de hoteles en Santiago, La Coruña o Vigo se enfrentan a overbooking forzado o a cancelaciones masivas que destrozan el RevPAR.

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Dato de contexto

Galicia recibió en 2023 cerca de 6 millones de turistas, según el Instituto Nacional de Estadística. La dependencia del mercado nacional y la dificultad para captar turismo internacional directo se agravan cuando la conectividad aérea se convierte en lotería institucional.

La apuesta por Santiago como hub único choca con la realidad política

Desde la perspectiva meramente técnica, Santiago de Compostela reúne las condiciones óptimas para concentrar el tráfico aéreo gallego. Su ubicación central permite atender no solo a la propia ciudad, sino también a zonas del oriente lucense que quedan dentro del radio de captación. Además, ha sido históricamente el aeropuerto que ha recibido mayores niveles de inversión pública.

La centralidad geográfica, sin embargo, no basta para vencer los intereses municipales y autonómicos entretejidos en La Coruña y Vigo. Ambas ciudades resisten cualquier intento de reducción de sus infraestructuras con argumentos de desarrollo local que, examinados con frialdad, no sostienen el coste de oportunidad de mantener tres aeropuertos subcríticos.

Para el inversor hotelero, la situación plantea un dilema de localización estratégica. Desarrollar activos en Santiago apuesta por la consolidación aeroportuaria; hacerlo en La Coruña o Vigo asume el riesgo de que la conectividad dependa de decisiones políticas impredecibles. Las cadenas que han diversificado su presencia entre los tres núcleos pueden verse forzadas a reconfigurar portafolios si finalmente se impone la lógica de hub único.

¿Habrá plan estratégico antes de que Porto trague el tráfico internacional?

La demanda que formula el análisis es clara y lleva años en la mesa: la Xunta de Galicia y el Ministerio de Transportes deben consensuar un plan de trabajo que acabe con las subvenciones insostenibles y defina un modelo aeroportuario funcional. La urgencia no es retórica. Cada temporada que pasa con el actual sistema de subsidios coyunturales, Porto consolida su posición como hub de referencia para el noroeste peninsular.

Para el sector turístico gallego, la cuenta atrás tiene implicaciones medibles. Los touroperadores internacionales priorizan destinos con conectividad garantizada, no con conectividad subvencionada. La inestabilidad de rutas dificulta los acuerdos de allotment con hoteles, reduce la previsibilidad del flujo MICE y encarece el coste de adquisición de cliente para los canales directos. Un revenue manager en Vigo o La Coruña no puede optimizar ADR y ocupación sobre una plantilla de vuelos que cambia cada ejercicio presupuestario.

La pregunta que queda en el aire, casi con ironía geográfica, es si las administraciones españolas serán capaces de acordar antes de que la solución llegue por defecto: no porque Santiago se imponga como hub, sino porque Porto ya lo será.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos aeropuertos tiene Galicia actualmente?

Galicia cuenta con tres aeropuertos con tráfico comercial: Santiago de Compostela (SCQ), La Coruña (LCG) y Vigo (VGO). Los tres operan con infraestructuras que compiten por rutas nacionales e internacionales mediante subvenciones públicas.

¿Qué distancia hay entre Santiago de Compostela y el aeropuerto de Porto?

El aeropuerto Francisco Sá Carneiro de Porto dista aproximadamente 190 kilómetros de Santiago de Compostela, un recorrido de algo menos de dos horas por autopista. Esta proximidad explica por qué los gallegos lo utilizan como alternativa ante la inestabilidad de sus propias conexiones.

¿Quién gestiona los aeropuertos gallegos?

Los tres aeropuertos dependen de Aena, el operador estatal español que gestiona la red aeroportuaria del país. Sin embargo, las políticas de subvenciones a aerolíneas y las competencias de planificación territorial comparten responsabilidad entre la Xunta de Galicia y el Ministerio de Transportes del Gobierno central.

Información publicada originalmente por Preferente.

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